¿Y dónde voy a hacerme un masaje? Ésta es la pregunta que más se repite en mi cabeza cuando estoy en Tailandia. Llego a este país por varias razones pero, sobre todo, por el Masaje Tradicional Tailandés, y cada vez que marcho, echo mano de mi memoria y cuento los masajes que he recibido y los que me han gustado y he disfrutado. Y ¿sabes? Los que he recibido se cuentan con los dedos de las dos manos y los que me han gustado…. me sobran dedos en una sola mano. Y un año más me marcho con esa pregunta redundante en mi cabeza, una y otra vez, una y otra vez ,¿por qué? ¿qué pasa?, ¿será que soy muy exigente? Y sé que no es una cuestión de exigencia ni mucho menos, sé, por esa sabiduría que nos da la experiencia y no el conocimiento, que la mayoría de los masajes que se hacen en Tailandia, no son realmente Masaje Tradicional Tailandés.

Ésa es mi vivencia de cada año; viajo a Tailandia para seguir profundizando en este fascinante arte del Masaje Tradicional Tailandés y cada año, vuelvo con ese pequeño hueco. Después de muchos viajes, ya puedo ponerle nombre y explicar qué es lo que siento exactamente: siento el enorme vacío de no ver cumplido mi deseo de regresar a mi rutina diaria repuesta físicamente, y mucho más allá, a nivel energético y emocional.

Cada año me brindo la oportunidad y confío en encontrar aquello que necesito, ese Masaje que me haga volver en varias ocasiones hasta sentir que mi energía está equilibrada, que las molestias físicas han desaparecido. Y sí, tengo expectativas en encontrarlo, aún sabiendo que todos mis Ajahns (así es como se llama a los auténticos maestros en Tailandia) han insistido en que, siempre, siempre, sin condición, debemos dejar fuera toda expectativa y abrirnos a todo aquello que de manera altruista llegue a nosotros, cuando realizamos o recibimos un masaje. En ocasiones olvido esa gran enseñanza porque mi cuerpo dolorido y mis emociones desequilibradas buscan aquello que, en la cuna de su creación, saben que funciona.

¡Qué difícil es recibir un buen Masaje Tradicional Tailandés en Tailandia!. Parece rocambolesco e ilógico; incluso para ti que estás leyendo estas líneas, seguro que puedes llegar a pensar que es raro, que no es posible y muchas otras cosas más, sin embargo, te puedo asegurar que es bastante complicado. En mi último viaje sólo recibí dos masajes… Llevaba arrastrando fuertes dolores de cabeza desde hacía varias semanas y confiando que el Masaje Tradicional Tailandés podía aliviar esa molestia, volví a recurrir a él. Digo volví, porque desde que era una niña he sufrido de migrañas, no simples dolores de cabeza. Nada ni nadie pudieron aliviar, durante muchos años esos ataques que ocurrían con demasiada frecuencia, bajo mi punto de vista; sólo cuando años atrás me topé con el Masaje Tradicional Tailandés, pude liberarme de las migrañas.

En fin, volviendo a lo que os estaba contando, acudí a un centro de masaje, en el que había recibido algunos masajes y que sí me habían gustado; especialmente me gustaba Kai, mi terapeuta, una señora tailandesa de cerca de 60 años que tenía en las manos algo muy especial. Su masaje podría ser catalogado por muchos como suave, pero para mí era un auténtico Masaje Tradicional Tailandés. Kai se ajustaba a mi necesidad a cada instante, existía esa comunicación, no verbal de la que siempre hablábamos, escuchaba y sentía aquello que era adecuado para mí sin necesidad de palabras.

Volví este año, decidida a encontrarme con ella y poder disfrutar y reponerme con sus masajes, pero Kai se había marchado. ¿A dónde pregunté yo? Dispuesta a ir donde ella estuviera en la ciudad pero no, Kai se había marchado del país, buscando como tantos otros tailandeses, un presente más fructífero. Decepcionada y sobre todo, muy dolorida, me ofrecieron otra terapeuta; por supuesto, ensalzaron sus virtudes y también ella se ocupó de hacerlo, y a pesar de no estar convencida del todo, accedí, fruto de la desesperación.

Luck, así se llamaba ella, me contó que era también profesora, que daba clases de Masaje Tradicional Tailandés para el gobierno tailandés. Se notaba, por sus preguntas que sabía perfectamente lo que hacía pero resultó no ser el masaje que yo quería; probablemente era el que necesitaba pero no el que deseaba. Desde que empezó hasta que terminó estuve sufriendo; sí, sufriendo físicamente. Me dolía absolutamente todo lo que ella presionaba y por mucho que me oyera quejarme, no paró ni un instante. Mientras yo pasaba así esa hora de masaje, Luck hablaba con el compañero que estaba en el futón de al lado, llamaba por teléfono, comía,….

Pero salí de allí sin dolor de cabeza y así estuve durante muchos días. Luck me dijo que había trabajado una de las líneas energéticas (sen sib) del cuerpo y que estaba muy bloqueada. Me invitó a volver más días y que ella fuera mi terapeuta. Le dije que lo pensaría pero decidí no volver a tratarme con ella. Si, había sido maravillosamente eficaz pero, en esos momentos, no estaba dispuesta a sufrir tanto.

Por sorprendente que parezca, en Tailandia, la mayoría de los centros de masajes que hay, ofrecen masajes a un precio muy económico con una calidad propia de cualquier cadena industrial, donde no encuentras diferencia entre uno y otro, simplemente porque reproducen el mismo masaje una y otra vez.

Es bastante inusual encontrarte con terapeutas de Masaje Tradicional Tailandés, en los centros de masaje y cuando lo haces, lo valoras y acudes a ellos con tanta frecuencia como te es posible y sí, les perdonas casi todo, la falta de intimidad y relax (lo más frecuente en los centros de masaje es colocar un futón al lado del otro y en el mejor de los casos, puede que éstos estén separados por una delgada cortina), que conversen entre ellos, que hablen por teléfono, que coman,… Pero todo eso es perdonable cuando por fin encuentras al terapeuta y vuelves, un día y otro día, y le cuentas cómo te sientes, tu evolución y por encima de todo, valoras el efecto terapéutico del Masaje Tradicional Tailandés.

Ahora, de nuevo en Madrid, envuelta en la vida cotidiana, siento cómo mi cuerpo está fatigado, y escucho su deseo de ser tocado, presionado y manipulado con el amor, propio de un terapeuta de Masaje Tradicional Tailandés. Y ahora ya aquí, bañada de esta realidad, sé dónde puedo encontrarlo. Con respeto, con incondicionalidad, con profunda admiración, se abren las puertas y ante mí aparece la oportunidad, la maravillosa oportunidad de reencontrarme con la auténtica tradición de este ancestral arte.

Somos muchos los que hemos viajado a Tailandia, una o quizás varias veces, y cada vez somos más los que estamos convencidos que el Masaje Tradicional Tailandés es mucho más que un masaje, es una terapia.

Quizás tú, que estás leyendo estas líneas, seas uno de ellos, y recuerdes que en tu último viaje a Tailandia probaste un masaje y te sentó genial, pero no has vuelto a recibirlo. O quizás alguien te ha hablado del Masaje Tailandés o si simplemente te mueve la curiosidad, te invito a que vivas esta experiencia. Estoy más que convencida que te sorprenderás y durante ese tiempo seguro que te sentirás envuelto por la tradición y la autenticidad de este arte ancestral del que cada día son más los enamorados.

Ana Belén Martínez Yébana
Escuela de Masaje Tradicional Tailandés Rak Saeng
www.raksaeng.es 

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