Para hablar de Tailandia, de sus monumentos y su patrimonio, tenemos que hablar de
la religión.

En Tailandia se practica el Hinduismo, el Cristianismo, el Budismo, el Taoísmo y la Religión Musulmana. Hoy en día el 99% de los Tailandeses manifiesta ser creyente de alguna religión.

Algunas fuentes señalan que:
El 93 % de la población es budista
El 4, 95 % es Musulmana
Y el 1, 68 % agrupa a las minorías.

En la élite dominante y la Casa Real es común ver el Hinduismo y en todo caso, una mezcla de Hinduismo con Budismo, para algunas prácticas.

Esto obedece a que en la antigüedad, sus familias (del Imperio Jemer) tenía fuertes raíces hindúes.

En Tailandia no existe Religión oficial, pero la Ley exige que el Rey sea practicante de la religión Budista Therevada, ya que es el Budismo más antiguo y el más practicado en Tailandia.

Los templos en Tailandia

Existen 2800 templos musulmanes y 40. 717 templos budistas, aproximadamente, los templos musulmanes se encuentran ubicados en el sur de Tailandia, dos mil de ellos en la frontera con Malasia y cien en Bangkok.
Los que más predominan son los budistas que se encuentran en todas las regiones del país y tienen una constitución semejante. Sin embargo, existen algunos templos que son distintos al común de ellos.

El budismo

La religión en Tailandia que predomina es el Budismo, hay muchísimas imágenes de Buda y un montón de celebraciones religiosas asociadas.

Es muy común ver personas vestidas con túnicas naranjas que son practicantes o monjes.

Su principio fundamental radica en la superación del Karma a través de la vida en la tierra y las posteriores reencarnaciones, de modo que nuestra forma de asumir la vida nos ayudará a tener una experiencia más amable en la siguiente vida hasta que hayamos alcanzado la iluminación necesaria para fundirnos con la energía creadora.

La figura central es Buda, quien en vida fuera Siddhartha Gautama y príncipe.

Cuenta la historia que luego de tenerlo todo y haber pasado por todas la situaciones placenteras de la tierra, encontró un vacío en su corazón que le hizo someterse a una vida de meditación y austeridad para encontrar en lo sencillo la razón de la existencia.

Buda habló y enseñó las verdades fundamentales que en teoría son la primera parte del camino de liberación del Karma. La primera ley es que Existe el sufrimiento, todos lo sentimos y lo padecemos. La segunda ley nos dice que este sufrimiento es originado por el placer.

La tercera ley dice que todos tenemos por tanto la posibilidad de suprimir ese sufrimiento alejándonos del placer y que la única forma de hacerlo es a través del camino de las Ocho vías, lo que representaría la cuarta ley y que consiste en 8 acciones guiadas por la sabiduría, la ética y el entrenamiento mental.

El camino de las ocho vías o el Noble camino óctuple

Primer camino: La visión o la comprensión correcta de las cosas.

Es la capacidad de poder discernir entre lo que es bueno y lo que no es bueno.

En este momento del camino nuestra guía serán las cuatro verdades que nos ayudarán a tener la sabiduría necesaria para continuar.

Las cuatro verdades, como ya mencionamos son:

  • Entender el sufrimiento (el sufrimiento existe).
  • Comprender su origen (el deseo es el origen del sufrimiento).
  • Entender su extinción (el cese del deseo erradica el sufrimiento).
  • Comprender que hay que ejecutar la sabiduría.

Segundo Camino: La determinación y el pensamiento correcto.

Consiste en la voluntad para cambiar y tiene que ver con ​las emociones que deben ser dirigidas hacia la compasión y la bondad, trata entonces de tener:

  • La intención de renuncia del camino mundano para así poder alcanzar el nirvana, deje ir porque nada es para siempre.
  • Tener buena fe o voluntad.
  • La intención de no tener violencia hacia otros organismos.

Tercer camino: La conducta ética.

consiste en tener conciencia de que todo lo que hacemos va a sumar a nuestra karma.

En este nivel iniciamos un estado superior cuando empezamos a dejar a un lado los pensamientos y las practicas que no son sanas tratando de abstenernos de:

  • Destruir la vida.
  • Tomar lo que no nos pertenece.
  • Tener conductas sexuales inapropiadas o dañinas.
  • Mentir o engañar.
  • Mantener visiones equivocadas de la realidad.

Cuarto camino: Hablar correctamente.

Este camino busca hacer uso adecuado de nuestro lenguaje y de todo lo que decimos.

Abandonando las mentiras, las difamaciones, el chisme, lo que no es conveniente, lo que es irrespetuoso y lo que destruye.

Y asumiendo en contraparte, la comunicación como una herramienta que nos sirve para construir, edificar, unir, bendecir y crear bienestar.

Quinto camino: Actuar correctamente.

Y nos hace transitar hacia una zona de donde nos hacemos responsables de asumir la vida como una bendición y respetar la de los otros.

Esto implica que no debemos apropiarnos de lo que no es nuestro, que no debemos disponer de la vida ni de las cosas de los demás y que debemos asumir nuestra propia vida y sexualidad de una forma consciente.

Sexto Camino: Un correcto medio de subsistencia.

Nos habla de nuestras practicas para la supervivencia, las cosas que hacemos para vivir y cómo nos ganamos la vida con profesiones que de ninguna manera dañen a otros ni contribuyan con la miseria y la maldad.

En pocas palabras, ganarnos la vida de manera honesta y bondadosa.

Séptimo camino: El esfuerzo correcto.

Consiste en hacer el esfuerzo de eliminar de nuestro pensamiento y corazón toda mala actitud. Tiene que ver con prevenir lo insano que pudiera suceder o promover el bien y cultivarlo como un preciado tesoro.

Octavo camino: La atención correcta.

Finalmente nos muestra como debemos vivir el presente e ir trabajando en las cosas que nos suceden en el mismo momento que van surgiendo.
Es lo que podemos denominar la contemplación atenta y conscientes. En otras palabras, cómo poder aprender de todo cuanto existe y nos sucede. Viendo en ello lo bueno y sacando de ello el aprendizaje que necesitamos para poder continuar cultivando el espíritu que desea alcanzar la iluminación. En el cuerpo, en el entorno., en la mente, en el pensamiento; en todas nuestras dimensiones poder revisar las cosas que nos suceden y encontrar en ello la grandeza de Dios.

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