El camino del Nuad Boran o Masaje Tradicional Tailandés

No hablaremos aquí de los beneficios que aporta el Nuad Boran o Masaje Tradicional Tailandés, sino del practicante, o para aquel que tenga interés por adentrarse en este camino.

Será necesario adquirir la técnica y lograr un buen estado físico pero, ¿qué habrá de lo vital, de la empatía, la compasión, la energía?

Durante la práctica de Nuad Boran el terapeuta obtendrá respuestas y se abocará al descubrimiento de sí mismo y del otro. Más allá de teorías, pretensión intelectual o intento espiritual. No será preciso esfuerzo emocional, ni fe. La verdad como la vida aflora, se da, emana en el lugar en el que tradicionalmente se práctica este masaje; el futón. Ese lugar en donde el ser se despoja, aunque paradójicamente el masaje se realice vestido.

Siendo una terapia manual es también una meditación. Dos energías que idealmente se vuelven una en el vacío del movimiento. Una danza en pareja. Un descubrimiento para el guerrero pacífico que quiere emanciparse del ego. Una herramienta preciosa para el desarrollo de la compasión, condición sine equa non podremos ayudar al otro.

El terapeuta, puede hacer de su práctica un camino para el logro espiritual, una fuente de luz y de amor.

Nada mejor que “ver en el otro” para verse a uno mismo. Observar sus reacciones para ser consciente de mis respuestas, que son al mismo tiempo reacciones que hablan de mí, más allá de la idea que yo tenga de mí mismo.

El Nuad Boran, disciplina de masaje que estimula el flujo de Lom, nuestra energía vital, es parte indispensable de la medicina tradicional tailandesa, y aún desconocida por ser exótica y por el celo que los tailandeses tuvieron a la hora de compartirla, conscientes del valor que atesora. Que los monasterios abrieran su técnica al mundo provocó su desacralización y por ende su banalización, en detrimento de la calidad en la enseñanza y en su puesta en práctica. En Tailandia y fuera de allí podemos recibir este masaje desarrollado con una técnica perfecta o pésima, pero independiente “sin alma”, del mismo modo que podemos encontrarnos deslumbrantes spas con delicadas telas al viento y llenos de figuras de buda utilizadas como elemento de decoración más que como figura de carácter espiritual. Quizá nos den un buen masaje o quizá no, pero rara vez será una práctica con sentido profundo. Rara vez no es decir nunca, es decir “rara vez”.

¿No es lamentable comprar un perfume y descubrir que han olvidado incluir la fragancia?

Es conveniente reflexionar sobre el hecho de que el Nuad Boran nace en el seno de la comunidad monástica budista y por ello está ricamente envuelta de su esencia compasiva, analítica y simbólica. El ritual consciente contiene poder de focalización de la energía. Un terapeuta comprometido con el camino del Nuad Boran generará un cambio mental antes de poner sus manos sobre el receptor. Lavará su mente de ego, juicio e intencionalidad y para ello debe realizar el “Wai Kru”. Una breve e íntima ceremonia de recogimiento que aún se realiza en las escuelas de Tailandia, en la que dedicará un mantra u oración cantada al “Kru” o gurú, es decir, al maestro. Un homenaje de agradecimiento y humilde reconocimiento al Dr. Shivako Komarpaj a quien la tradición considera creador de esta fórmula, y al Buda, un ser humano que con su esfuerzo logró alcanzar la iluminación con la intención de erradicar el sufrimiento de todos los seres, y de que alcanzasen la iluminación en el menor tiempo posible. Creo que indirectamente, realizar el “Wai Kru” es también mostrar agradecimiento por todos los maestros conocidos y anónimos, por los seres que logran transmitirnos enseñanzas, y de algún modo es también el reconocimiento al maestro interior. Sin “Wai kru” no hay masaje tradicional, hay otra cosa, ni buena ni mala. Distinta. Quizás los beneficios serían sólo físicos para el receptor y para el practicante. Dudosamente podemos creer que los ascetas tailandeses participaron con sus prácticas y logros espirituales para enriquecimiento de estas técnicas pro evolutivas y sanadoras, con la idea de crear masajes relajantes que colmaran nuestros sentidos… Todo es holístico y multidimensional en el Budismo, como lo es en el resto de cosmogonías del lejano oriente. Budismo es meditación, se haga lo que se haga.

“Wai” es el saludo tailandés, común a buena parte de los países asiáticos, en el cual se juntan las manos y se realiza una reverencia en señal de cortesía y respeto, e incluso de obediencia según el rango y edad. Al igual que sucede con el Namaste indio el gesto es en sí un mudra, una posición de manos simbólica con poder trascendente, que ayuda a “colocar” nuestra mente y dirige nuestra energía. El uso del wai en concreto, estimula nuestra humildad para que reconozcamos la capacidad de amar del otro y su poder potencial de iluminación, así como el hecho de que al igual que yo él o ella desean la felicidad y no desean sufrimiento. También reconocemos la divinidad que atesoran, y por lo tanto asumimos que nosotros también la atesoramos. Para las personas a las que les incomoda la espiritualidad, explicarles que el wai o namasté es un acto de humildad que nos pone los pies en el suelo frente al otro, por el cual reconocemos que en la inmensidad del cosmos ambos apenas somos nada, pero formamos parte del todo.

Cuando el Nuad Boran comienza tras el wai kru, el practicante se va desvaneciendo. Refugiado en sus maestros y en la técnica puede llegar a fundirse con el receptor, ser el otro sin dejar de ser él mismo. Surgirá la dulce compasión por el otro, pero si logra abandonarse se evaporará en la danza meditativa. Otra herramienta sutil y elemento destacable que marca la diferencia en esta técnica. ¡La danza meditativa! Una serie de técnicas desintegradoras “del sí mismo” que ayudará a la mente a lograr un estado de introspección y creará una dinámica circular que marcará la sesión, además de ayudarle al terapeuta a evitarse lesiones. El movimiento circular se torna espiral y mágicamente la energía kundalini se activa provocando una estimulación de todos nuestros chakras. En medio de la espiral, en el centro, en ese vacío encontrará su acomodo el terapeuta, y ahí es donde experimentará primero la calma y luego el gozo, más tarde la nada. De ahí surge la intuición automática y la mejor técnica, y al terminar la sesión llegan las respuestas si es que tenían que llegar.

Esta es una experiencia personal.

Ricardo Ochoa, Thubten Tsering

Escuela de Masaje Tradicional Tailandés Rak Saeng

raksaeng.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba